Encuentro de centros BIBESCAN



El encuentro de centros de la Red BIBESCAN realizado en Lanzarote ha sido una experiencia enriquecedora que permitió a todo el alumnado y profesorado conocer y disfrutar de las creaciones y acciones llevadas a cabo en los distintos centros.






El ensayo:










La obra:









Congreso de Jóvenes Lectores



El pasado 15 de mayo, el alumnado de Club de Lectura del IES Blas Cabrera Felipe participó en el Congreso de Jóvenes Lectores. Nuestro alumnado presentó en este encuentro una dramatización de la obra de José Díaz titulada "Shanti". Además, un alumno y una alumna del centro fueron los encargados de presentar todas la comunicaciones del Congreso.




La actuación:



















Los presentadores:






Día del Libro y Día de las Letras Canarias



Día del Libro

El 23 de abril, todo el alumnado de 1º ESO acudió al salón de actos para conmemorar dicho día y leyeron durante toda la mañana, disfrutando y compartiendo la lectura de la gran obra Don Quijote de la Mancha.







Día de las Letras Canarias

El alumnado de 1º y 2º ESO realizó diferentes juegos de pasapalabra con léxico de Canarias y se disfrutó del juego durante los recreos en la biblioteca del centro.







Los productos:







Pasapalabra de cuentos ilustrados:









Concurso de Poesía




Desde la Red de Bibliotecas Escolares de Canarias del IES Blas Cabrera Felipe se ha querido fomentar la creatividad del alumnado y para ello se realizó el "Concurso de Poesía" el 14 de febrero.








Primer premio: Amor propio nunca muere.



Segundo premio: Somos nuestros.




Tercer premio: La noche se acerca.


Día Escolar de la No Violencia y la Paz





Con motivo de celebración del Día Escolar de la No Violencia y la Paz, el alumnado de 3º ESO realizó un manifiesto como presentación para iniciar todas las actividades programadas para ese día.


















Relatos de Terror




Otro año más  se ha llevado a cabo en el centro el Concurso de relatos de terror “Relatos que me asustaron” con motivo de celebración del Día de Finaos. El 31 de octubre, el alumnado seleccionado de 4º ESO leyó sus relatos de terror y creación propia al alumnado de 1º ESO. Además, se contó con la colaboración de alumnas 2º FPB de Maquillaje y estética  y de su profesora Pilar Soler para  caracterizar a las alumnas que leían los relatos.



Fotografías:











A continuación, los relatos seleccionados para la lectura en el aula:

El fruto mortal


Eran las siete de la tarde, a mediados de abril, en plena caída del sol cuando caminaba sin rumbo con una sola misión, encontrar el idílico árbol frutal que daba cientos de frutos tan verdes como sus enormes hojas y tan brillantes como la cristalina agua que lleva el río. Andaba alejada de la civilización y de todo lugar en el que pudiese aparecer alguien. Un lugar donde las personas que entraban no salían, al menos con vida, algunas aparecían colgadas de las señales de la carretera trasera o parte de su cuerpo arrojado en ella.
Ya empezaba a anochecer en aquel lugar solitario sin ningún alma divagando por sus estrechos ríos que llenaban el silencio tan profundo del bosque. Había acabado de recoger los sabrosos frutos que salían en pleno mes de abril cuando legando al coche me miré las manos y me di cuenta de que me había dejado las cesta, sé dónde, quizás al lado del río cuando fui a lavar los frutos  o quizás al lado de uno de los cientos y cientos árboles que hay donde paré a probarlos y a coger fuerzas para continuar.
Decidí volver al bosque, y tras horas buscando y buscando sin perder ojo al suelo sin levantar la cabeza, miré hacia atrás, hacia delante y hacia todos lados y me di  cuenta de que había perdido la noción del tiempo, eran las doce de la noche. Me había perdió, el coche era ilocalizable y no había cobertura en medio de tantos árboles. Emprendí el camino a una cabaña que había cera al río para busca ayuda. Al llegar, la cabaña tenía las luces encendidas pero no se oía ningún tipo de ruido ni se veía rastro de nadie. Toqué y tres veces puerta sin parar, ya estaba aterrorizada, mi cabeza daba vueltas tras tantas horas caminando sin tino por el bosque. Mi cabeza reculó horas atrás y me di cuenta que los frutos que me comí no eran frutos, sino un tipo de hongo alucinógeno, estaba a punto de marearme y caerme al suelo.
A la mañana siguiente desperté en una tabla sucia, mordisqueada por ratones y rodeada de escopetas y cuchillos de todo tipo. Sentí miedo y angustia al querer escapara y no saber por dónde. Miré  a un lado y vi una pequeña ventana, era mi oportunidad de salir de allí.
Salí pitando de ese lugar, pero un hombre con apariencia de psicópata me esperaba fuera con un cuchillo en la mano. Después de media hora intentando huir, sin poder tragar saliva y sin sentir mis piernas, tropecé con una piedra y caí al suelo. El hombre me alcanzó, me atrapó para que no huyese y no paró de acuchillarme cada parte de mi cuerpo, cada centímetro, hasta quedarme sin una sola gota de sangre en el cuerpo y hasta dejar de chillar de dolor cada vez que el cuchillo atravesaba mi piel hasta morir.
Natalia  4º ESO

Música clásica

Me llamo Sarah, tengo veinte años y ahora mismo estoy en el coche junto a mi padre y mi hermano pequeño, de camino a la casa donde nos vamos a quedar durante un fin de semana para la boda de mi tía Flora. Abro los ojos al escuchar a mi padre llamándome, resulta que me había dormido, miro por la ventana del coche y veo una casa muy grande, y en la puerta de esta, mi madre y mi tía.
Mi madre había venido un día antes para ayudar a mi tía con lo de la boda, ella me había confesado que el hombre con el que se iba a casar mi tía no le inspiraba confianza, ya que era bastante reservado y muy raro.
Yo ya me había instalado en mi supuesto cuarto, mientras mis padres estaban abajo hablando con mi tía, y mi hermana estaba fuera jugando en un pequeño parque junto con una niña rubia con un lazo rojo en el pelo, que supongo que era la hija de alguna amiga de mi tía. Como yo estaba sola y aburrida, decidí inspeccionar la casa, la verdad era más grande de lo que pensaba. Me adentré en un pasillo bastante oscuro en el que al final había una pequeña escalera que daba a una solitaria puerta. Me dirigí a esta con todos mis sentidos activados y mediante fui abriendo la puerta empecé a escuchar música, era música clásica. Ahora me encontraba en una sala totalmente vacía con una puerta a la derecha, me fui acercando lentamente a la puerta y la música se iba haciendo más fuerte, así que supuse que venía de ahí, cogí el pomo y cuando fue a abrir la puerta una voz me sobresaltó, me giré de golpe y ahí, delante de mí estaba el supuesto marido de mi tía me dijo con una voz neutra que yo no podía estar ahí o ella se enfadaría. Fruncí el ceño y le pregunté de quién hablaba, pero él parpadeó un par de veces, me miró y me dedicó una sonrisa que me dio miedo  y me dijo que bajara a comer. Fui detrás de él, me paré en la puerta y me di cuenta de que la música ya no sonaba, pero no le di importancia.
Me levanté por la mañana, fui al baño y encima del váter había un periódico que cogía para quitarlo, pero en él salía la foto de la niña que jugaba con mi hermano, junto con el marido de mi tía. Leí el texto que había debajo de la foto, ponía que la niña había muerto hacía una semana porque el padre la había  encerrado en una habitación sin comida ni agua, solo con un reproductor de música clásica.
Fui corriendo a enseñárselo a mi madre, por suerte me creyó y en menos de media hora ya estábamos de camino a casa. Estábamos en el coche, todos callados por la tensión que había en el ambiente, pero de repente la radio del coche se encendió y empezó a sonar música clásica, la misma que había escuchado sonar anteriormente en la casa. Miré al frente y un camión venía a toda prisa hacia nosotros y pude distinguir que el conductor era el que iba a casarse con mi tía, el mismo que había matado a su propia hija  y a su lado, en el asiento del copiloto, estaba la niña del lazo rojo. Yo solo escuchaba los gritos de mi familia y, de repente, todo estaba negro.
Nira  4º ESO.

Un simple reloj

Siete y media, llego tarde otra vez pero no oigo el sonido de la voz de mi hermana gritándome:
-      - Silene ya vamos tarde, siempre pasa lo mismo, no me haces caso y mira lo que pasa ¿Silene, me estás oyendo? Ya verás mamá.
Marta gritaba mientras me ayudaba a buscar aquel condenado reloj. Mi madre siempre me dice que soy igual que mi padre, él fue quien me enseñó que te puede faltar todo menos un reloj que te indique la hora y el rumbo.
-        -  ¡Lo encontré!- exclamé mientras cogía la chaqueta y el dichoso reloj de cuero de mi padre.
Y sin más salimos a la calle sin darnos cuenta de que el invierno ya ha llegado y la noche oscura y húmeda caía sobre nosotras. Tendríamos que haber cogido el coche pensé pero no me di cuenta de lo ridículamente cerca que se encontraba la fiesta de mi madre. Cuando llegamos a la fiesta no comenté nada de la extraña sensación que había tenido durante el camino, la misma sensación de hace meses pero ya había dicho, por activa y por pasiva, que solo estaba traumatizada, un poco nerviosa, nada serio. Divisé el rostro de mi madre entre la gente: amigos de mi padre, familiares cercanos y el tercer novio de mi madre en cuatro meses, ¡bien hecho mami!
-         - Yo me voy a dar un paseo – le dije a mi madre mientras me giraba.
-        -  No te puedes marchar en el cumpleaños de tu propia madre – me dijo con una mirada.
-        -  Sabes que si papá estuviese todo sería diferente.
-       -   Pero está muerto, ¿vale?, muerto, así que…
-       -   Así que me voy – la corté yo – déjalo, deja de hacer como que no te importa y si no lo hace pues a mí sí.
Y con una de nuestras típicas discusiones miré a mi madre una última vez a modo de feliz cumpleaños y me fui.
Me dirigía al parque como usualmente hacía, no estaba tan lejos del bar y se había convertido en mi refugio, especialmente ese banco escondido entre los matorrales lejos de las miradas de desaprobación de mmi madre, indiferencia de mi hermana y pena del resto del universo, al fin y al cabo solo era una chica que había visto a su padre morir accidentalmente. En el instituto decía que era una chica dura, callada, pero dura.
Yo pensaba que era bastante común y que lo de dura simplemente era un rasgo asignado por el hecho de que después de ver morir a tu padre pocas cosas hacen que se te revuelva el estómago y se te salten las lágrimas. Durante el camino a mi banco encendí un cigarrillo, un mal hábito que había cogido poco después de empezar con los psicólogos. Lo apagué después de disfrutar de cada una de sus caladas y me senté oyendo el suave murmullo del viento. Una voz profunda y unos ojos intensos me sobresaltaron.
-      -  ¿Tienes tabaco? – me preguntó un chico de unos veinte años.
Una voz muy profunda y una mirada excesivamente expresiva para esa edad, pensé.
-        - No.
-       -   ¿Y fuego? – insistió él.
-        -Tampoco – y me centré en un punto lejano de luz detrás de su hombro.
-        -  Eres muy bonita, ¿me puedo sentar y charlamos?
-         -No, ¿no ves que estoy bien? Pues pírate.
-         - Vale, vale – dijo él alzando las manos – qué carácter mujer…
Dio la vuelta y se fue pero algo en su media sonrisa y sus ojos chispeantes me alarmaron así que me levanté con la intención de irme pero pocos pasos había dado cuando un pañuelo cubrió mi boca y empecé a caer en un sueño profundo y nada deseado.
Estoy corriendo, corro  feliz hacia los brazos de mi padre.
-        - Papi, mira papi, ¡papi quiero volar, hazme volar! – grito mientras él me agarra para soltarme en el aire y dejarme caer en sus brazos nuevamente.
-          -Sí cariño, vuelas de lujo, pero mira el reloj ya es tarde, volvemos a casa.
A casa. Tengo frío y una voz que hubiera preferido no conocer nunca me despierta.
-          -Levántate dulce anduriña – decía aquel hombre el cual ahora me parecía absolutamente repugnante.
-     - No me llames así – ese apelativo sólo lo usaba mi padre, refiriéndose a los pájaros que jugaban mientras volaban.
-          Te levantas guerrera, por eso te elegí a ti – decía mientras aseguraba mis manos apretando aún más fuerte las cuerdas que ataban mis manos a la cabecera de la cama. - No eres como esas niñas comunes que lloran en estas situaciones, tú no haces eso, tú luchas.
Mientras él habla yo miro a mi alrededor, es una habitación no muy grande y bastante oscura pero se distinguen perfectamente las diferentes fotos mías en la pared: yo con mis amigas, con mi madre y mayoritariamente sola haciendo diversos tipos de cosas.
-¿Qué quieres?-hablo firmemente, no puedo dejar que sepa lo asustada que estoy.
- Charlar contigo, te lo dije antes – dijo mientras se acercaba a mi cara y una llave chocaba contra mi pecho.
- Quiero que me sueltes, no estoy acostumbrada a charlar atada como puedes entender.
- No, no lo voy a hacer, es más, descansa anduriña, lo vas a necesitar.
Se saca el collar y abre la puerta para luego salir con una sonrisilla de superioridad. Analiza la situación Silene, venga ¿qué puedes hacer?, grita, nadie te va a oír. Intenta desatarte, como no me parta la muñeca no sé yo – me decía mi subconsciente.
Pasé tres días preguntándome qué hacer para salir de allí. Él, en cambio, solo entraba para darme de comer y observarme al lado en la silla enfrente de la cama, me sacaba fotos, videos quizás. Cuarto día: he escupido en la maldita sopa y él sólo se ha reído. ¡Maldita sea, se ha reído! Sexto día.
-          -Quiero charlar – le digo – todavía no sé nada de ti.
-         - ¿Ya vas a portarte civilizadamente? – dijo mientras se sentaba en la cama.
-         -  Sí, quiero pedirte que te quedaras aquí esta noche.
-         - ¿Cómo? Yo no te quiero para abusar de ti – exclamó horrorizado.
-        -  De acuerdo.
Charlamos y cuando fingí estar dormida lo oí acostarse en la cama y esperé hasta que su respiración se acompasó para abrir los ojos. Tenía mi plan estudiado seis días y siete noches en las que me había exprimido el cerebro hasta llegar con la clave. La cuerda después de tanto forcejeo había cedido y mi mano derecha llegaba a mi reloj donde pulsé el botón  y cayó una cuchilla ¡Gracias papi!
Después de todo un padre militar tiene sus mañas. Corté la cuerda y me moví suavemente. Rodé hasta caer en el suelo de la manera más silenciosa posible. Llegué a su lado y arranqué la llave de su cuello por fortuna no despertó. Corrí hacia la puerta, abrí e intenté cerrar una ventana y entraba la luz. Miré por ella y vi árboles y que era un segundo piso.
-        -  ¿En serio me crees tan iluso?
-        -  ¡Déjame o te voy a hacer daño!
Todavía recuerdo lo que pasó aquel día pero es mejor dejarlo así. Como lo que fue, una simple y complicada pesadilla.
Desireé 4º ESO.

Asimismo, Prácticas Comunicativas y Creativas 1º ESO y Lengua Castellana y Literatura  de 3º  C 
realizaron para este día la Situación de Aprendizaje “FINAOS”, una actividad de expresión escrita: “MI RELATO TERRORÍFICO”, dicha situación de aprendizaje consistía en crear, a partir de cinco palabras elegidas entre toda la clase y que debían incluirse en sus composiciones, relatos de terror. A continuación, los tres cuentos seleccionados:

Alba , 1º D, sin título.

“El día 28 de octubre estaba aburrida en casa, sin nada que hacer. Rápidamente tuve una idea. Fui corriendo a mi cuarto, cogí dinero, un abrigo y, por supuesto mis zapatillas. En la calle hacía mucho frío. A mitad de camino empezó a llover, se empezaron a escuchar truenos y a verse los rayos. Cuando me di cuenta, estaba todo súper oscuro, como si fuera de noche. En todas las esquinas se veían pequeñas lámparas con poca luz. Seguí caminando. En una de las tiendas que había allí cerca se veía una sombra que, poco a poco, se acercaba cada vez más. Me entró mucho miedo y salí corriendo de inmediato. Al pensar que quizás había despistado a ese ser escondido tras la sombra tenebrosa, aflojé la marcha muy atenta a todo. De repente, escuché otro ruido extraño, miré atentamente hacía atrás y al girarme volví a ver la sombra. Salí por patas hacia un hostal que vi un poco más al fondo, pero me tropecé y caí a un charco. Me levanté y seguí corriendo como pude, había aterrizado con la rodilla. Con un miedo terrible en todo el cuerpo entré en el hostal y me metí en una habitación. Fui al baño, me limpié la herida y cerré la puerta con llave, también las ventanas, corrí las cortinas y traté de dormir. Cuando me desperté me vi en mi cama, en mi cuarto, en mi casa y como una loca fui a preguntarle a mi madre qué había pasado. Resulta que todo era un sueño y nunca salí de casa. Me había quedado dormida después de aquella idea, justo antes de salir, cuando cogí el dinero.”

Thiara , 1º E, título: “Un disfraz aterrador”.

“Llevo meses sin pensar en otra cosa. Todavía me invade el terror al recordar aquel 31 de octubre. Era Halloween y Ariadna, la chica más guay de todo el insti, celebró una fiesta en castillo de sus antepasados. (¡Suena increíble! ¿No?). Iba a ser la mejor noche de todas. Allí había mucha oscuridad. Sin duda era el lugar ideal para celebrar una fiesta aterradora. Además, la decoración era espeluznante. Me reuní con mi grupo de amigos. Aitana estaba disfrazada de bruja. Pedro de espantapájaros y Luisa estaba cubierta por una sábana salpicada de sangre falsa. Tras un rato charlando con ellos, fui al baño a retocarme. Para llegar, tenía que pasar por un pasillo largo y oscuro. De repente, empecé a escuchar una voz que decía mi nombre. Miré detrás de mí, pero no había nadie. Al girarme de nuevo vi una sombra y no pude evitar meter el chillido más fuerte que recuerdo en mi vida. Suspiré aliviada al darme cuenta de que se trataba de Luisa. ¡Qué terrorífico era su disfraz! Comenzó a reírse y a continuación salió corriendo. No la volví a ver en toda la noche -¡Qué chica tan rara!
Al día siguiente felicité a Luisa por su broma. Extrañada me dijo que no había podido ir a la fiesta. Entonces, ¿quién había sido el fantasma con el que estuve hablando por la noche?”

Ángeles Itziar 3ºESO C, título: “Mi historia de miedo”.

“Todavía pienso cómo, en mi juventud, me atreví a entrar en esa casa de un interior tan oscuro como un abismo. Era de día, pero al mirar por su ventana dentro parecía de noche. Sin saber por qué entré y, al hacerlo, la puerta se cerró de golpe. No veía nada. Por suerte llevaba en mi bolsillo derecho un aparato indispensable, la pequeña linterna que me había regalado hacía unos años mi abuelo. La encendí y logré ver los viejos y polvorientos muebles que demostraban que la casa llevaba deshabitada por mucho tiempo. Curiosa, recorrí la casa observando las maravillas que encerraban sus obras de arte. Fue entonces cuando, al final del pasillo central, vi una luz tenue que desapareció veloz, al cruzarse delante de mí una rara sombra. En ese momento perdí el conocimiento. Cuando desperté estaba a salvo en mi cama sin saber cómo había llegado allí.”

RELATOS DE TERROR 2º ESO

Una noche distinta de José Javier

Esta historia comienza una noche, pero no una noche cualquiera sino especial. El cielo estaba despejado, la gente ya se estaba preparando para salir y yo decidía salir antes, con mi hermano y un amigo. Cuando llegamos al barrio más pobre de la zona vimos a un hombre que nos seguía y, paralizados, pensamos qué hacer, si huir, pedir ayuda o gritar. Las tres opciones eran inútiles, o al menos eso pensamos, ya que huir especulamos ¿y si es más rápido?; y si al pedir ayuda nadie viene pero el señor sí; y gritar era inútil porque  un hombre como ese no saldría corriendo así como así.
Pasaron unos segundos y el hombre seguía siguiéndonos y por causa de dios o algún otro milagro raro el hombre desapareció. Nos sentimos aliviados, pero no bajamos la guardia y minutos después volvimos al barrio normal.
Y cuando estábamos pidiendo dulces vimos un disfraz particular, llevaba un saco en la cabeza con una carita feliz y ropa algo arrugada y un poco rota. Decidimos acercarnos a preguntar cómo lo hizo pero no contestó, solo nos siguió y estuvimos toda la noche pidiendo caramelos con ella.
Al final de la noche nos despedimos de la niña y el único gesto de despedida fue un escalofrío recorriéndonos la espalda, pero no nos importó y nos alejamos de ella. Cada uno siguió su camino y decidimos reencontrarnos  por la mañana para hacer nuestros planes.
A la mañana siguiente mi hermano y yo llamamos a nuestro amigo pero nadie contestó, así que decidimos ir a su casa. Sus padres nos dijeron que no volvió a casa y que había desaparecido.
Inquietos pensamos que fue aquel hombre que nos seguía quien lo había secuestrado. Al final de un día entero buscando, cayó la noche así que decidimos volver a casa a dormir. Estábamos dormidos cuando sentimos que nos observaban. Era la chica que por primera vez hablo y dijo:
 -¿Quieres saber cómo lo hice? Muy bien, porque ahora forman parte de él para siempre.

La chica del piano de Aritz
Hace mucho tiempo existió una chica llamada Tatari. Ella siempre estaba tocando el piano, debido a que tenía que participar en un concurso muy importante. Ensayaba día y noche, casi no dormía y comía muy  poco.
Un día, exactamente el día del concurso, la chica es estresó tanto que se murió mientras tocaba el piano y la casa donde vivía quedó abandonada y nadie quería entrar.
Una vez un grupo de jóvenes hicieron una apuesta que consistía en comprobar quién aguantaba más tiempo dentro de la casa. El grupo de jóvenes estaba formado por cinco chicos: el primer joven entró y duró treinta segundos; el segundo, cuarenta y siete segundos; luego, el tercero y el cuarto duraron quince segundo; y, finalmente, el último chico entró pero no salía. Ya llevaba mucho tiempo dentro y los demás se asustaron así que decidieron entrar todos juntos. Cuando estaban dentro, empezaron a escuchar un piano sonando en el segundo piso aunque se suponía que allí no había nadie, así que pensaron que era su amigo y subieron sin miedo. Pero, de repente, vieron a una chica tocando el piano y a su amigo muerto en el suelo y salieron corriendo. Nadie volvió a entrar jamás a esa casa.

Mi historia de miedo de Kimberly
Un día la noche de Halloween, había un hombre disfrazado de ladrón, pero lo que nadie sabía es que era un ladrón de verdad. Había un policía que no quería que nadie se enterase de que era policía, entonces, se puso sangre de mentira por la camisa y por la cara. Él ya sospechaba del ladrón y lo estaba siguiendo por todas partes que iba.
El policía veía cómo el ladrón robaba las cosas a las personas. El policía fue a coger al ladrón para detenerlo, pero el ladrón se dio cuenta y salió corriendo. El policía fue tras él, corriendo, y cogió la pistola para disparar, pero lamentablemente como estaba corriendo no tenía puntería y disparó a otras personas dejándolas sangrando.
El ladrón iba por la carretera y un coche que estaba en marcha, sin querer, lo atropelló y murió. Finalmente, llamaron a la ambulancia para atender a  las personas a las que disparó el policía y se las llevaron al hospital.
Historia de Raisa

Cuenta la leyenda que en Ecuador a las afueras de las amazonas específicamente en Quito vivía una madre con sus tres hijos. Era una noche de Halloween fría y tormentosa y la madre enloqueció y fue a las montañas donde mató y torturó a sus hijos. Al día siguiente, despertó en medio de la carretera. Ella no sabía lo que había ocurrido y empezó a buscar como loca a sus hijos hasta que un camión la atropelló. Cuentan los quiteños que si paras con el coche a las seis de la madrugada por esa zona encuentras a la mujer llorando y señalándote a la montaña y si no le dices en qué parte están sus hijos te mata a ti y a toda tu familia. Además, cuentan que las doce puedes escuchar sus gritos y llantos.